Camino a Little Fort, British Columbia, Canadá. 30 de Abril del 2012
Hola de nuevo!
Resulta fácil escribir ahora mientras veo pasar incesantes ríos café con leche orgullosos y altivos al verse crecidos por la primavera. La infinidad de árboles que los flanquean parecen desperezarse de un duro invierno y danzan aún lentamente al son de la banda sonora de Amelie -gracias Judit- mientras preparan lo mejor de sí para lanzarlo al viento deseosos de perpetuar así su legado.
A mi alrededor más inmediato observo curioso otros viajeros que leen, duermen o sueñan con la mirada perdida en el exterior del autobús. También los hay que plasman en sus gestos la nostalgia de la partida y miran incrédulos a los que sin embargo desean felizmente la llegada a su destino. Este autobús cubre un largo trayecto.
Supongo que más palpablemente los primeros días de mi llegada ambas emociones estuvieron muy presentes pero decidí mirar al frente y definir los pasos que me han de llevar a las diferentes metas planteadas. Fue de gran ayuda abstraerme de la gran ciudad cosmopolita de Vancouver en diversas excursiones por algunas de sus extensas cordilleras que nacen desde su orilla norte. Así resulta más fácil deshilar, concretar, definir.. Sin apenas evitar acordarme de lo que he dejado atrás.
El caso es que todo empezó a fluir dejando al margen la cuestión de -qué carajo hago aquí?-y me encontré de algún modo mágico con quien parecía hubiésemos de intercambiar algún tipo de mensaje. Sí, suena raro pero así fue. Frank, un empresario canadiense de origen checo de unos 68 años cuyos perrillos no oscilaron en olerme y juguetear conmigo en medio del camino. Buscaba comprender por qué su nieto no había usado la raqueta que le regaló en navidades -una buena raqueta, para que le dure toda la vida- creyéndose rechazado. Al preguntarle si a su nieto le gustaba jugar a tenis respondió con un silencio seguido de una sonrisa y otra pregunta, -¿de qué va esto que has venido a estudiar desde tan lejos del coaching?-. Me regaló confianza en mi mismo y una invitación a las montañas de Squamish que aún no he podido aceptar.
Camille no cesaba de preguntar cosas mientras compartimos excursión por Lynn Valley que tras responder me llevaban a recuerdos de mi infancia -de nuevo mi yaya Lolita, las palomas de la plaza del Pilar en Zaragoza y de cuando me dijo que como buen pescador que era debería dedicarme a pescar hombres en el más puro y estricto sentido religioso-. No sé exactamente que le debí de dar a cambio pero creo que los tiros van por la valoración de su trabajo: combinaba su devoción al negocio inmobiliario familiar con la asistencia a pacientes con un grado avanzado de cáncer. ¿Sólo la sonrisa de un paciente compensa el peso del dolor ajeno, no? De nuevo un silencio que precedió a su sonrisa…
Adam trabaja en el Hostal donde me he hospedado hasta hoy. Parece un chico frío al principio, le costó mucho preguntarme si podía acompañarme a la siguiente excursión al Lynn Peak. Es como si hubiese estado esperando ese momento desde hacía mucho pues a pesar de que le costó lo suyo alcanzar a la cima agradeció lo bien que se sentía al haber vuelto a caminar por la montaña. -Hoy, de hecho, me prometió que subiría de nuevo-. Desde aquel día me encantaba llegar al Hostel por la tarde ya que me venía a buscar para tocar un poco la guitarra y contarnos las anécdotas del día. Al despedirnos me dio un abrazo de amigo.
Y al fin llegó el master/curso/formación en Coaching. Ya incluso antes de venir a Canadá estaba un tanto acomplejado acerca de mi nivel de inglés en relación al curso. A pesar de haber trabajado los últimos 4 años empleándolo regularmente en Volkswagen, esto era diferente. Un contenido en el que profundizar conjuntamente con otros 25 alumnos -todos canadienses o de USA- con los que había de practicar constantemente las habilidades que cada uno había de mejorar. Temía ralentizar al grupo y entorpecer las dinámicas, pero no fue así. De hecho me emplearon de ejemplo en diversas ocasiones para determinar la importancia de la intuición y de la conexión como parte esencial de la comunicación. Se portaron muy bien conmigo y me fui de allí hinchado como un globo pero no es lo más importante. Sí lo es lo que he aprendido y sobretodo lo que me he conmovido durante este primer fin de semana de curso. Hasta el punto de salir ayer revuelto, hecho polvo, como después de haber saltado al vacío desde 2500 metros de altura en Nueva Zelanda. Genial. Como ya me había comentado Pache, tras lel segundo día había de practicar lo aprendido ejerciendo de coach ante alguien no muy cercano. Dudé en hacerlo por skype con alguien que hablara castellano pero carecía de sentido, ahí apareció Mayumi, una viajera japonesa del hostal. Planteamos la sesión de 40 minutos y nos lanzamos a ello. Su valoración posterior fue de lo más agradable: -Ya no tengo miedo a elegir..., ...porque ahora sé que la elección me está llevando hacia mis sueños-. Funcionó.
Uno de los dos profesores/líderes del curso, Leslie, me propuso un nuevo camino harto interesante: trabajar para el CTI, el instituto que imparte los cursos como profesor/lider. Incrédulo, feliz y revuelto como decía llegué anoche al hostal para preparar la mochila y disfrutar de un guitarreo distendido a modo de despedida. Leslie ama la cultura española, toca las castañuelas y su sueño sería participar en un espectáculo artístico-flamenco, tiene cerca de más del doble de años que yo y es adorable.
A las 4 me he levantado para llegar a tiempo al impaciente autobús que ha partido dirección noreste hacia Little Fort. A través de Judit hallé el modo de rellenar estos 5 meses de estancia en Canadá: www.workaway.info ofrece algo que a los que hemos sido scouts de l’A.E Garbí de Lleida nos resulta familiar, trabajo a cambio de alojamiento y comida. De este sencillo modo se me ha abierto la puerta a aprender de cómo gestionan los canadienses de la British Columbia sus negocios de turismo ecológico/rural y por supuesto a seguir mejorando mi inglés. Muy recomendable para quien quiera viajar/aprender/refrescarse con un presupuesto ceñido. Las ofertas abundan y ya he encontrado trabajo hasta julio. El primer destino es el rancho de caballos, vacas y perrillos de Michelle en Little Fort. Luego vendrá el Lodge de Andre en Salt Spring Island y en junio Kim y su Holiday Resort cerca de Lumby.
En fin que esto acaba de empezar, y… ¿No os parece un buen punto de partida?
No puedo evitar añoraros a tod@s. Pero quisiera brindar el momento con quien compartí el gran viaje que desencadenó este: -Oscar, amigo, deseo que una vez hayas leído esto tengas un día muy especial-.
Un abrazo a tod@s y mucho amor.
Pablo Lapuente Sagarra


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