dimecres, 16 de maig del 2012

Diario de Ruta - "Orandum est ut sit mens sana in corpore sano"

Andre & Martin's Garden en Salt Spring Island, British Columbia, Canadá. 15 de Mayo del 2012


Música recomendada para la lectura: Una canción especial para los momentos que corren

Y para los que leen más despacito, esta otra: Ideal para comenzar el día

-Jodo, qué frío-, iba pensando mientras el autobús atravesaba hondos valles aún cubiertos por una nieve mustia y pesada. Entraba a la estación de servicio/supermercado/restaurante Subway/parada de autobús epicentro del diminuto pueblo de Little Fort con cara de prisa pues llegaba tarde y había de encontrarme allí con Michelle, la cowgirl para la que había de trabajar durante las siguientes dos semanas. De pronto una chica de mi edad se dirigió a mi con un Peiblou? -por aquello del marcado acento inglés al pronunciar mi nombre- sonriente pero sin pausa pues tenía a Tuk, uno de sus caballos, pendiente de ser atendido por el veterinario del pueblo vecino. Cargamos a Tuk en el remolque y emprendimos una pista durante unos 15 minutos en los que Michelle me dio la bienvenida, orientándome un poco sobre mis labores en el rancho y respondiendo al batallón de cuestiones sobre fauna, estilo de vida y orígenes de lo que encontré al llegar: un lugar maravilloso.



Unas 30 hectáreas comprendidas en un valle rodeado de montañas en cuyo centro se encontraba su casa de madera, enfrente un pequeño lago natural, a la derecha el establo y los prados más lejanos con los caballos y una pequeña cabaña -donde me iba a alojar-, detrás el huerto y las gallinas y a la izquierda los prados y bosques de las vacas y toro de raza escocesa. Y una calma de siesta veraniega. Allí se respiraba sosiego, sí señor. Por la noche hay que meter a los gatos en casa para protegerlos de los coyotes y los lobos, aunque los tres perrillos se encargan de gruñir y ladrar a cualquier animal salvaje -incluidos pumas y osos- que ose atravesar la finca. Cada noche Max y Hunk me acompañaban a mi cabaña antes de ir a dormir, cosa que agradecía bastante pues tuve constancia de que los osos rondaban por allí al ver uno el segundo día. Por cierto, la cabaña donde dormía podría ser perfectamente una nevera!



Michelle se gana la vida de lo que cultiva, trabajando de vez en cuando para los "Brothers" -dos hermanos de unos 70 años solteros que viven cerca del pueblo-, vendiendo algún caballo ya domado y sobretodo con los cachorros de los perros, muy aptos para proteger fincas a la par que para hacer compañía en los crudos inviernos canadienses. Aquí la estrella polar brilla casi encima de tu cabeza. Esa tarde me presentó a todos sus animales.



Estaba absolutamente encantado con el lugar, y a pesar de la gélida noche dormí como un niño. Eso sí, el té a última hora no perdona e interrumpe el sueño súbitamente, lo que aún le daba un toque de aventurilla al asunto pues no había aseo en mi cabañita... . Los animalejos se debían tronchar de risa: ver a un tipo en pijama largo -gracias mamá, me está viniendo de lujo- con botas de montaña descordadas y gorrito de lana del Perú -cortesía de mis amigos Fooo y Óscar- apresurado en encontrar un rinconcito entre los árboles y enfocando con el frontal las sombras y los ruidos propios de la noche..-vaya pardillo- debían pensar.



Quedamos a las 7:30 para desayunar, cuando aún somnoliento conocí a Mel, otra "workawayer" como yo procedente de Alemania que está rondando por Canadá mientras decide si ir a UK o a Irlanda a trabajar como vendedora de libros. Michelle nos planteó un reto la mar de interesante: mejorar el aprovisionamiento de agua del lago desde un arroyo que pasa a un kilómetro de allí, luego se fue a trabajar para los "Brothers". Por lo visto el arroyo sólo fluye en primavera y en verano el lago tiende a vaciarse con lo que no crece la hierba necesaria para alimentar naturalmente a todo el ganado. Así pues cargamos pico, hacha, palas, chapo, cuerdas y cuatro sacos de arena en el quad, Mel se subió detrás y nos fuimos para el arroyo acompañados de los perros centinela. Pasamos una hora analizando la situación, decidimos atacar 4 puntos de mayor incidencia y nos pusimos manos a la obra. Justo antes habíamos marcado el nivel del agua inicial del lago clavando una rama de medio metro en el linde visible desde la casa.



En realidad era algo en lo que había sido entrenado cuando era un renacuajo, en el club de invierno de Gardeny, en Lleida. Detrás de la instalación principal había una pequeña ladera boscosa que se convertía caprichosamente en el terreno de juego de la pandilla mientras los adultos charlaban o jugaban a cartas en el interior sin advertir que abríamos la llave de paso del agua de la manguera destinada a regar una esquina de la pista de equitación contigua, para recrearnos simulando un riachuelo colina abajo. Con las manos abríamos un surco en suelo con el objetivo de que llegara todo el agua hasta abajo mientras lidiábamos con las hileras de procesionaria y otros bichejos por lo poco urticantes. La fiesta se acababa con un -¡niños, no malgastéis el agua!!!-.



Abrimos una zanja de unos 10 metros durante toda una mañana a base de hachazos, pico y pala. Mel no se veía con fuerzas de cavar con lo que la insté a fijar el barro circundante con secciones de ramas, hizo esa labor con esmero. Nos fuimos a comer y la vuelta retiramos la cañería original protegiendo el flanco con los sacos de arena. La llevé a la casa con el Quad y regresé con los perros a pie a última hora de la tarde porque quería poner a prueba el trabajo del día, abriendo el paso de agua superior y observando feliz y orgulloso la cantidad adicional de agua que corría ladera abajo!! Cuando llegó Michelle a la noche se sorprendió al ver el agua fluir hasta el lago. Pero aún no se había acabado el trabajo.



Los dos días siguientes antes de ir a dormir pensaba en cómo mejorar nuestro cometido y surgieron buenas ideas: agrupar lo máximo posible el agua para que tomara fuerza y no se trabara con las ramas y hojas del bosque, cavar zanjas de soporte en flanco débil del lago.. nos dieron laaargos días de trabajo, manos ásperas y barro hasta en las cejas. Al quinto día la rama que marcaba el nivel inicial del agua había desaparecido, habíamos conseguido ganar unos 60 cm de agua! Nos ganamos la cerveza que nos sirvió Michelle aquella noche. Por lo demás hacer lavadoras -las chicas se sorprendieron mucho de lo bien que plegaba sus prendas-, labrar el huerto con el motocultor, cortar el césped, remover la arena de la pista de entrenamiento de los caballos, cortar troncos con la motosierra, alimentar a las gallinas con los restos orgánicos evitando los picotazos del gallo, cocinar, ver películas VOS después de cenar... disfrutar de memorias personales con el último pitillo del día mientras la Osa Mayor reinaba la noche... momentos especiales acordándome de Judit y de María, la yaya de Toni.



A la semana habíamos tomado la confianza suficiente como para adentrarnos en nuestras inquietudes. Todos las tenemos y es lo que nos mueve hacia adelante con nuestras decisiones, pese a que a veces el instinto de estabilidad nos haga sufrir por ello. El sábado cada uno se dio un respiro y cómo no decidí irme de excursión con los perros y descubrir la naturaleza en estado puro. Recordé consejos rurales de mi hermano Jaime, de mis amigos Joel y Borja que compartí con Michelle a la vuelta y que pusimos en práctica en el huerto.



De nuevo vuelven los buenos recuerdos y lecciones que algún día no me di tiempo de asimilar, gracias amig@s VW!. La gratitud de estar aquí y la nostalgia de no estar allí con vosotr@s amistar. La valoración del amor... Además de un montón de horas de lectura sobre Coaching y lo que se mueve dentro al madurarlo por las noches. Las ganas de emprender y seguir aprendiendo, y de volver a casa al calor de los tuyos. Y sobretodo la contraprestación de aprender de gente que vive de un modo bastante distinto al que estaba acostumbrado.



Había que partir, despedirse y emprender el largo camino de vuelta a Vancouver para tomar allí el Ferry que me trajo hasta aquí. Era tarde cuando llegué de nuevo al Hostel pero allí de nuevo estaban esperando tiernamente Mayumi, Sarah y Adam. Nos pusimos al día con experiencias, charla un par de trozos de pizza y cómo no, una buena cerveza Canadian.



Ahora ya estoy en casa de Andre y Martin en Salt Spring Island, currando de nuevo abriendo zanjas y sudando la gota gorda pero disfrutando de la veteranía de esta peculiar pareja de jubilados que viven tranquila y sanamente cuidando de su huerto y jardín. Pero esa ya es otra historia para más adelante...



...Hasta entonces, tal vez fuera mejor no contagiarse mucho de las noticias de la tele o los periódicos y prestar más atención a quien inmediatamente nos rodea y esforzarnos en escuchar tan sólo dando rienda suelta a la curiosidad del niño que tod@s llevamos dentro. Hay un tesoro aguardando en cada un@ de vosotr@s!!



Un abrazo muy especial para mi amigo Toni -y su familia- con quien disfruté hablando dilatadamente anoche y que despidió desde Brasil a su tierna yaya María la semana pasada, que ahora vela desde un cielo de luz y serenidad.



A mi hermano Jaime, por lo que he visto y vivido, que tanto te gustaría disfrutar.



A mi hermano Manuel, por compartir tus sueños con el enano y trabajar duro por ellos. Ánimo!



A Cristina, quien me habló del CTI y dio luz a la decisión que tomé el pasado Noviembre y acabó trayéndome aquí. Ya lo sabes, muy agradecido. ;)



Un besico a tod@s y mucha ternura, que tengáis un buen día.



Pablo Lapuente Sagarra.
























Diario de Ruta - Starting point “Punto de partida”

Música recomendada para la lectura: Banda sonora de la película Amelie (se abrirá en otra ventana)


Camino a Little Fort, British Columbia, Canadá. 30 de Abril del 2012



Hola de nuevo!



Resulta fácil escribir ahora mientras veo pasar incesantes ríos café con leche orgullosos y altivos al verse crecidos por la primavera. La infinidad de árboles que los flanquean parecen desperezarse de un duro invierno y danzan aún lentamente al son de la banda sonora de Amelie -gracias Judit- mientras preparan lo mejor de sí para lanzarlo al viento deseosos de perpetuar así su legado.



A mi alrededor más inmediato observo curioso otros viajeros que leen, duermen o sueñan con la mirada perdida en el exterior del autobús. También los hay que plasman en sus gestos la nostalgia de la partida y miran incrédulos a los que sin embargo desean felizmente la llegada a su destino. Este autobús cubre un largo trayecto.



Supongo que más palpablemente los primeros días de mi llegada ambas emociones estuvieron muy presentes pero decidí mirar al frente y definir los pasos que me han de llevar a las diferentes metas planteadas. Fue de gran ayuda abstraerme de la gran ciudad cosmopolita de Vancouver en diversas excursiones por algunas de sus extensas cordilleras que nacen desde su orilla norte. Así resulta más fácil deshilar, concretar, definir.. Sin apenas evitar acordarme de lo que he dejado atrás.



El caso es que todo empezó a fluir dejando al margen la cuestión de -qué carajo hago aquí?-y me encontré de algún modo mágico con quien parecía hubiésemos de intercambiar algún tipo de mensaje. Sí, suena raro pero así fue. Frank, un empresario canadiense de origen checo de unos 68 años cuyos perrillos no oscilaron en olerme y juguetear conmigo en medio del camino. Buscaba comprender por qué su nieto no había usado la raqueta que le regaló en navidades -una buena raqueta, para que le dure toda la vida- creyéndose rechazado. Al preguntarle si a su nieto le gustaba jugar a tenis respondió con un silencio seguido de una sonrisa y otra pregunta, -¿de qué va esto que has venido a estudiar desde tan lejos del coaching?-. Me regaló confianza en mi mismo y una invitación a las montañas de Squamish que aún no he podido aceptar.



Camille no cesaba de preguntar cosas mientras compartimos excursión por Lynn Valley que tras responder me llevaban a recuerdos de mi infancia -de nuevo mi yaya Lolita, las palomas de la plaza del Pilar en Zaragoza y de cuando me dijo que como buen pescador que era debería dedicarme a pescar hombres en el más puro y estricto sentido religioso-. No sé exactamente que le debí de dar a cambio pero creo que los tiros van por la valoración de su trabajo: combinaba su devoción al negocio inmobiliario familiar con la asistencia a pacientes con un grado avanzado de cáncer. ¿Sólo la sonrisa de un paciente compensa el peso del dolor ajeno, no? De nuevo un silencio que precedió a su sonrisa…



Adam trabaja en el Hostal donde me he hospedado hasta hoy. Parece un chico frío al principio, le costó mucho preguntarme si podía acompañarme a la siguiente excursión al Lynn Peak. Es como si hubiese estado esperando ese momento desde hacía mucho pues a pesar de que le costó lo suyo alcanzar a la cima agradeció lo bien que se sentía al haber vuelto a caminar por la montaña. -Hoy, de hecho, me prometió que subiría de nuevo-. Desde aquel día me encantaba llegar al Hostel por la tarde ya que me venía a buscar para tocar un poco la guitarra y contarnos las anécdotas del día. Al despedirnos me dio un abrazo de amigo.



Y al fin llegó el master/curso/formación en Coaching. Ya incluso antes de venir a Canadá estaba un tanto acomplejado acerca de mi nivel de inglés en relación al curso. A pesar de haber trabajado los últimos 4 años empleándolo regularmente en Volkswagen, esto era diferente. Un contenido en el que profundizar conjuntamente con otros 25 alumnos -todos canadienses o de USA- con los que había de practicar constantemente las habilidades que cada uno había de mejorar. Temía ralentizar al grupo y entorpecer las dinámicas, pero no fue así. De hecho me emplearon de ejemplo en diversas ocasiones para determinar la importancia de la intuición y de la conexión como parte esencial de la comunicación. Se portaron muy bien conmigo y me fui de allí hinchado como un globo pero no es lo más importante. Sí lo es lo que he aprendido y sobretodo lo que me he conmovido durante este primer fin de semana de curso. Hasta el punto de salir ayer revuelto, hecho polvo, como después de haber saltado al vacío desde 2500 metros de altura en Nueva Zelanda. Genial. Como ya me había comentado Pache, tras lel segundo día había de practicar lo aprendido ejerciendo de coach ante alguien no muy cercano. Dudé en hacerlo por skype con alguien que hablara castellano pero carecía de sentido, ahí apareció Mayumi, una viajera japonesa del hostal. Planteamos la sesión de 40 minutos y nos lanzamos a ello. Su valoración posterior fue de lo más agradable: -Ya no tengo miedo a elegir..., ...porque ahora sé que la elección me está llevando hacia mis sueños-. Funcionó.



Uno de los dos profesores/líderes del curso, Leslie, me propuso un nuevo camino harto interesante: trabajar para el CTI, el instituto que imparte los cursos como profesor/lider. Incrédulo, feliz y revuelto como decía llegué anoche al hostal para preparar la mochila y disfrutar de un guitarreo distendido a modo de despedida. Leslie ama la cultura española, toca las castañuelas y su sueño sería participar en un espectáculo artístico-flamenco, tiene cerca de más del doble de años que yo y es adorable.



A las 4 me he levantado para llegar a tiempo al impaciente autobús que ha partido dirección noreste hacia Little Fort. A través de Judit hallé el modo de rellenar estos 5 meses de estancia en Canadá: www.workaway.info ofrece algo que a los que hemos sido scouts de l’A.E Garbí de Lleida nos resulta familiar, trabajo a cambio de alojamiento y comida. De este sencillo modo se me ha abierto la puerta a aprender de cómo gestionan los canadienses de la British Columbia sus negocios de turismo ecológico/rural y por supuesto a seguir mejorando mi inglés. Muy recomendable para quien quiera viajar/aprender/refrescarse con un presupuesto ceñido. Las ofertas abundan y ya he encontrado trabajo hasta julio. El primer destino es el rancho de caballos, vacas y perrillos de Michelle en Little Fort. Luego vendrá el Lodge de Andre en Salt Spring Island y en junio Kim y su Holiday Resort cerca de Lumby.



En fin que esto acaba de empezar, y… ¿No os parece un buen punto de partida?



No puedo evitar añoraros a tod@s. Pero quisiera brindar el momento con quien compartí el gran viaje que desencadenó este: -Oscar, amigo, deseo que una vez hayas leído esto tengas un día muy especial-.



Un abrazo a tod@s y mucho amor.



Pablo Lapuente Sagarra