Aquest es el nostre petit regal desde la llunyania (en quant a distancia no per sentiment)
Felicitats Vane i Jordi, nosaltres tambe portem molts anys estimant-vos
divendres, 22 de gener del 2010
Diario de Ruta - WA to Tasmania
Buenas a tod@s!! Cómo va la cosa petard@s?
Como hace tiempo que no os escribo, voy a respetar la deuda haciendo hincapié en aspectos que han rondado repetidamente mis pensamientos. En especial en lo relacionado con la navidad, la soledad, la felicidad y la naturaleza, sin olvidar la ruta en sí.
Una Navidad sin tu familia y una buena fiesta de fin de año sin tus amigos, no son ni Navidad ni fiesta, respectivamente. Pueden llegar a tomarse como momentos de reflexión forzada o de feliz nostalgia, si uno quiere –y en el mejor de los casos-, pero no muy diferentes de los que podemos tener en cualquier otro momento del año.
La familia la forja la sangre. Por mucho que cambien las circunstancias personales de cada miembro, la sangre que nos determina va a ser siempre la misma. No obstante, ¿qué hay de aquellos con los que no compartimos sangre pero compartimos vida de tal modo que el vínculo se torna maduro, estable y sosegado?? ¿Y de aquellos con los que a pesar de no compartir tiempo, compartimos alma?? La sangre es sangre, y la familia es sangre y algunos más, es decir la familia abarca a más gente. Yo he echado en falta en esta Navidad a la familia.
Antes de irme de este párrafo quiero hacer un guiño especial a quien pasa las navidades sin los de su sangre pero con su familia. Sí, a quien sabe que le otorgo la fuerza, la verdadera fuerza. Me has inspirado.
Lo peor de no tener Navidad ni una buena fiesta de fin de año es el frío. No es la soledad. La soledad es circunstancialmente dependiente de nuestro devenir interior. La soledad implica nostalgia, alma, y el alma…calor. El temor al frío, es el temor a no sentir nada cuando se supone que debes sentirlo. Si no sientes la Navidad ni una buena fiesta de fin de año, porque no estás acompañado de los tuyos, de tu familia, sólo queda resignarse a esperar al año siguiente, o reconfortarse. Reconfortarse pensando en los que no tienen familia, ya nos sólo durante la Navidad sino durante el resto del año. En el día a día. Y deseando de verdad que la encuentren. Eso te hace valorar lo que no ves pero sientes, te hace masticar y comprender.
Fue entonces cuando realicé unas cuantas llamadas, no todas con respuesta. Las primeras fueron a los de mi sangre, luego a algunos del resto de la familia. Era la noche del 24 en España, cuando las tres peques que inundan nuestro hogar de felicidad ya habían recogido los regalos de Papá Noel (o los Reyes Magos, ando un poco perdido en eso). Fue como cuando inclinas demasiado la botella al tratar de dar un trago y el líquido se derrama por ambos lados de la barbilla mojándote la camiseta. La emoción me sobrepasó al hablar con mis padres y con Manu, el mayor de mis dos hermanos. Me hincharon tanto el corazón que restaron espacio a mis pulmones, y el tragar saliva se tornó una difícil tarea. Felicidad y lágrimas que me habían llegado por teléfono desde el otro extremo del mundo.
Eso sí, fue cuando –tras hablar rápidamente con mi cuñada Yolanda- la pequeña Inés me contó la nueva muñeca que le habían traído, concluyendo nuestra conversación con un sonoro beso, cuando el trago ambicioso se convirtió en una buena ducha caliente. Ese fue mi gran regalo de Nochebuena, en Monkey Mia, al norte de la bahía de Shark, cuando era ya el día de Navidad.
Amigos como Xavi y Lalo contribuyeron también a dormir especialmente bien aquella noche, sus palabras –y el eco de las mías- endulzaban emocionadamente ese día tan especial. Al día siguiente llamé a tiempo de sobremesa de la comida de Navidad de los Lapuente y así repetir tragos dulces y ambiciosos charlando de nuevo con mis padres, con Jaime, mi otro hermano, y con Carla, la mayor de las tres florecillas. De nuevo, fue su voz la que derrumbó la entereza que a duras penas lograba mantener, al preguntarme qué animales había visto tras contarme la de regalos que le habían caído del cielo. María no estaba de humor como para hablar por teléfono pero igualmente me alegró saber que en eso andaba.
Por último, una llamada a Fo, mensajes de Vane, Jordi y Toni en nombre de otros más y mails del resto, me hicieron sentir realmente agradecido.
Al colgar, infinidad de buenos momentos, abrazos y risas con cada uno de ellos me ocuparon el resto del día. Por ello decidí pasar la mañana al sol, pescando fructuosamente. Y pasear el resto del día, masticando y saboreando cada uno de los recuerdos que venían a mi sin orden ni razón. Mientras tanto seguía rastros de canguros, varanos, equidnas y serpientes, por las dunas de arena rojiza del noreste del cabo norte. Como guinda final, tras encontrar una playa agreste y bien resguardada de la constante brisa de oeste, me detuve allí a mirar al cielo en memoria de los que acompañan desde otros lugares. Justo al regreso de tan plácido lugar y momento, súbitamente multitud de rayas pequeñas empezaron a asomarse a la arena precipitadamente, temblorosas. Al levantar la vista lo entendí: un par de delfines empezaban a cazar acorralando a sus presas en la pequeña bahía. El sol ya se desentendía de este mundo cuando en formación en V los delfines acudían a la misma orilla a capturar rayas y otros peces. Encantado por poder interactuar me descalcé y me metí un metro en la orilla, llamando su atención golpeando el agua con la mano. Uno de ellos se acercó a menos de medio metro de mi, me observó y dio media vuelta enseguida para proseguir con la comilona.
Ver la naturaleza en su estado virgen a las manos del hombre es muy hermoso. Así, desnuda, despierta una curiosidad infantil difícilmente saciable. En el rostro emerge una sonrisa incrédula. Se te pone cara de jilipollas, vaya. Este continente, a pesar de que los más grandes mamíferos ya han sido exterminados (Tigre de Nannup, lobo/tigre de Tasmania) alberga multitud de fauna salvaje que parece resistir y abunda en el bush (término que emplean para referirse al campo, ya sea en las montañas, desiertos o playas). Por eso caminar por aquí es apasionante. Como cuando sabes, no intuyes, que la punta de la caña está a punto de doblarse brusca y repentinamente al pescar a fondo en el océano. Todos tus sentidos parecen estar alerta ante cualquier estímulo, por minúsculo que sea. Dedicaré otro momento para ahondar más en ello.
**
Se acercaba el momento que había de ser especial: la noche de fin de año. Andaba yo inmerso en los bosques del suroeste de Australia, en los alrededores de Pemberton, cuando ya no había otro motivo ni otro pensamiento constante que el de ir en busca de mi buen amigo Oscar al extremo nororiental, a Melbourne. Más de 3000 km aguardaban pacientes al paso de las gastadas ruedas de la Mitsubishi Exprés con la que acabaría recorriendo 9000 km desde mi partida en Perth. Una semana de plazo, y muchos puntos por visitar, me lanzaron a la improvisación el día 31 de diciembre.
Acabé entrando a un camping público (4 euros/noche) guiado por una abueleta motorizada a lomos de un potente quad. He de reconocer que antes de que me indicaran de qué se trataba pensé que aquello era un campamento Hippie, lleno de familias sonrientes de aire bohemio y autodidacta. Se vendían productos caseros desde las partes de atrás de furgonetas y autocaravanas. Como os decía la entrada al camping fue un tanto surreralista, pobre abueleta. Una pareja de suecos aún estaba más desconcertada que yo, siguiendo a unos 3 km hora a un quad dirigido por super grand mother. Sólo le faltaba la capa.
Las últimas horas de sol del 2009, fueron para mi sólo. Primero corriendo por la playa de arena blanca y consistencia harinosa ( sólo comparable con la de Playa bonita, en el extremo nororiental de Cuba…Carlos, Albelto y Visente, me darán la razón), con un sol anaranjado jugando con los árboles del horizonte a generar mágicas sombras sobre el mar. Tras una ducha de agua fría, lo último que hice fue pescar desde las rocas mientras suspiraba agradeciendo a Dios el año que me había brindado.
Esa noche, cena especial: Gnoccis con cebolla y champiñones, un par de latas de ron Bundaberg ( el mejor de Australia según me dijo el holandés amigo: Thomas) con lima y cola respectivamente y lo mejor. Lo mejor fue compartir momentos con vosotros, desde la lejanía, entre cigarrillo y cigarrillo, y canción y canción, de una especial guitarra, la que me dejó mi amigo Imre. Antes de media noche miraba al cielo sonriente, guiñaba un ojo y rezaba: en el 2010 más y mejor.
La emoción típica de la noche de fin de año, las risas, abrazos telefónicos y lágrimas de nostalgia me llegaron al mediodía siguiente, al recuperar la cobertura camino del Cape Arid Nacional Park. Primero mi madre y luego los amigotes hicieron del viaje de aquella tarde con Serrat en el CD, un cúmulo de risas y lágrimas entremezcladas con nostalgia, emoción y serenidad.
Vane fue quien descolgó el teléfono –cabe decir que allá por Solsona eran las 6 de la madrugada, imaginen damas y caballeros la escena… - con un: Es el Pabloooooooooooo!!!!!!!! . Al instante reconocí un montón de gritos y risas tras una voz serena y agradable como la de el gran Jordi Melé. Me dijo que deseara una canción y que me la cantaban entre todos. Me transmitieron muchos abrazos y besos y proseguí viaje diciéndome lo que muchas veces me he repetido: Qué suerte tienes, son LOS MEJORES.
Oscar, por cierto, que ahora ya está por aquí (jajaja, de hecho creo que ha ido a hacer una incursión) me recordó que el 8 estuviera en el aeropuerto. No le fallé y ahora ya llevamos 15 días recorriendo Tasmania, de rincón en rincón, buscando el lado Oeste, el lado salvaje de esta remota, lluviosa e indómita isla.
Como siempre, amigos y familia, mi cabeza y nuestros pasos (entre éstos dos no sé exactamente el orden) van por delante de mis manos. Con lo que prometo escribir sobre muchas cosas más que ahondan ahora en un recuerdo nítido. No obstante quiero destacar la de veces que sois citados por la boca de Oscar y la mía, o por cada uno de nuestros pensamientos en solitario. Hasta el compañero de trabajo más esquivo, es venerado en el recuerdo. Pues en este viaje que es la vida estamos atravesando un tramo precioso, lejano al hogar, que nos permite ver mejor el panorama.
Besos a la Familia, a nuestras madres, padres y herman@s.
Oscar García y Pablo Lapuente.
Como hace tiempo que no os escribo, voy a respetar la deuda haciendo hincapié en aspectos que han rondado repetidamente mis pensamientos. En especial en lo relacionado con la navidad, la soledad, la felicidad y la naturaleza, sin olvidar la ruta en sí.
Una Navidad sin tu familia y una buena fiesta de fin de año sin tus amigos, no son ni Navidad ni fiesta, respectivamente. Pueden llegar a tomarse como momentos de reflexión forzada o de feliz nostalgia, si uno quiere –y en el mejor de los casos-, pero no muy diferentes de los que podemos tener en cualquier otro momento del año.
La familia la forja la sangre. Por mucho que cambien las circunstancias personales de cada miembro, la sangre que nos determina va a ser siempre la misma. No obstante, ¿qué hay de aquellos con los que no compartimos sangre pero compartimos vida de tal modo que el vínculo se torna maduro, estable y sosegado?? ¿Y de aquellos con los que a pesar de no compartir tiempo, compartimos alma?? La sangre es sangre, y la familia es sangre y algunos más, es decir la familia abarca a más gente. Yo he echado en falta en esta Navidad a la familia.
Antes de irme de este párrafo quiero hacer un guiño especial a quien pasa las navidades sin los de su sangre pero con su familia. Sí, a quien sabe que le otorgo la fuerza, la verdadera fuerza. Me has inspirado.
Lo peor de no tener Navidad ni una buena fiesta de fin de año es el frío. No es la soledad. La soledad es circunstancialmente dependiente de nuestro devenir interior. La soledad implica nostalgia, alma, y el alma…calor. El temor al frío, es el temor a no sentir nada cuando se supone que debes sentirlo. Si no sientes la Navidad ni una buena fiesta de fin de año, porque no estás acompañado de los tuyos, de tu familia, sólo queda resignarse a esperar al año siguiente, o reconfortarse. Reconfortarse pensando en los que no tienen familia, ya nos sólo durante la Navidad sino durante el resto del año. En el día a día. Y deseando de verdad que la encuentren. Eso te hace valorar lo que no ves pero sientes, te hace masticar y comprender.
Fue entonces cuando realicé unas cuantas llamadas, no todas con respuesta. Las primeras fueron a los de mi sangre, luego a algunos del resto de la familia. Era la noche del 24 en España, cuando las tres peques que inundan nuestro hogar de felicidad ya habían recogido los regalos de Papá Noel (o los Reyes Magos, ando un poco perdido en eso). Fue como cuando inclinas demasiado la botella al tratar de dar un trago y el líquido se derrama por ambos lados de la barbilla mojándote la camiseta. La emoción me sobrepasó al hablar con mis padres y con Manu, el mayor de mis dos hermanos. Me hincharon tanto el corazón que restaron espacio a mis pulmones, y el tragar saliva se tornó una difícil tarea. Felicidad y lágrimas que me habían llegado por teléfono desde el otro extremo del mundo.
Eso sí, fue cuando –tras hablar rápidamente con mi cuñada Yolanda- la pequeña Inés me contó la nueva muñeca que le habían traído, concluyendo nuestra conversación con un sonoro beso, cuando el trago ambicioso se convirtió en una buena ducha caliente. Ese fue mi gran regalo de Nochebuena, en Monkey Mia, al norte de la bahía de Shark, cuando era ya el día de Navidad.
Amigos como Xavi y Lalo contribuyeron también a dormir especialmente bien aquella noche, sus palabras –y el eco de las mías- endulzaban emocionadamente ese día tan especial. Al día siguiente llamé a tiempo de sobremesa de la comida de Navidad de los Lapuente y así repetir tragos dulces y ambiciosos charlando de nuevo con mis padres, con Jaime, mi otro hermano, y con Carla, la mayor de las tres florecillas. De nuevo, fue su voz la que derrumbó la entereza que a duras penas lograba mantener, al preguntarme qué animales había visto tras contarme la de regalos que le habían caído del cielo. María no estaba de humor como para hablar por teléfono pero igualmente me alegró saber que en eso andaba.
Por último, una llamada a Fo, mensajes de Vane, Jordi y Toni en nombre de otros más y mails del resto, me hicieron sentir realmente agradecido.
Al colgar, infinidad de buenos momentos, abrazos y risas con cada uno de ellos me ocuparon el resto del día. Por ello decidí pasar la mañana al sol, pescando fructuosamente. Y pasear el resto del día, masticando y saboreando cada uno de los recuerdos que venían a mi sin orden ni razón. Mientras tanto seguía rastros de canguros, varanos, equidnas y serpientes, por las dunas de arena rojiza del noreste del cabo norte. Como guinda final, tras encontrar una playa agreste y bien resguardada de la constante brisa de oeste, me detuve allí a mirar al cielo en memoria de los que acompañan desde otros lugares. Justo al regreso de tan plácido lugar y momento, súbitamente multitud de rayas pequeñas empezaron a asomarse a la arena precipitadamente, temblorosas. Al levantar la vista lo entendí: un par de delfines empezaban a cazar acorralando a sus presas en la pequeña bahía. El sol ya se desentendía de este mundo cuando en formación en V los delfines acudían a la misma orilla a capturar rayas y otros peces. Encantado por poder interactuar me descalcé y me metí un metro en la orilla, llamando su atención golpeando el agua con la mano. Uno de ellos se acercó a menos de medio metro de mi, me observó y dio media vuelta enseguida para proseguir con la comilona.
Ver la naturaleza en su estado virgen a las manos del hombre es muy hermoso. Así, desnuda, despierta una curiosidad infantil difícilmente saciable. En el rostro emerge una sonrisa incrédula. Se te pone cara de jilipollas, vaya. Este continente, a pesar de que los más grandes mamíferos ya han sido exterminados (Tigre de Nannup, lobo/tigre de Tasmania) alberga multitud de fauna salvaje que parece resistir y abunda en el bush (término que emplean para referirse al campo, ya sea en las montañas, desiertos o playas). Por eso caminar por aquí es apasionante. Como cuando sabes, no intuyes, que la punta de la caña está a punto de doblarse brusca y repentinamente al pescar a fondo en el océano. Todos tus sentidos parecen estar alerta ante cualquier estímulo, por minúsculo que sea. Dedicaré otro momento para ahondar más en ello.
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Se acercaba el momento que había de ser especial: la noche de fin de año. Andaba yo inmerso en los bosques del suroeste de Australia, en los alrededores de Pemberton, cuando ya no había otro motivo ni otro pensamiento constante que el de ir en busca de mi buen amigo Oscar al extremo nororiental, a Melbourne. Más de 3000 km aguardaban pacientes al paso de las gastadas ruedas de la Mitsubishi Exprés con la que acabaría recorriendo 9000 km desde mi partida en Perth. Una semana de plazo, y muchos puntos por visitar, me lanzaron a la improvisación el día 31 de diciembre.
Acabé entrando a un camping público (4 euros/noche) guiado por una abueleta motorizada a lomos de un potente quad. He de reconocer que antes de que me indicaran de qué se trataba pensé que aquello era un campamento Hippie, lleno de familias sonrientes de aire bohemio y autodidacta. Se vendían productos caseros desde las partes de atrás de furgonetas y autocaravanas. Como os decía la entrada al camping fue un tanto surreralista, pobre abueleta. Una pareja de suecos aún estaba más desconcertada que yo, siguiendo a unos 3 km hora a un quad dirigido por super grand mother. Sólo le faltaba la capa.
Las últimas horas de sol del 2009, fueron para mi sólo. Primero corriendo por la playa de arena blanca y consistencia harinosa ( sólo comparable con la de Playa bonita, en el extremo nororiental de Cuba…Carlos, Albelto y Visente, me darán la razón), con un sol anaranjado jugando con los árboles del horizonte a generar mágicas sombras sobre el mar. Tras una ducha de agua fría, lo último que hice fue pescar desde las rocas mientras suspiraba agradeciendo a Dios el año que me había brindado.
Esa noche, cena especial: Gnoccis con cebolla y champiñones, un par de latas de ron Bundaberg ( el mejor de Australia según me dijo el holandés amigo: Thomas) con lima y cola respectivamente y lo mejor. Lo mejor fue compartir momentos con vosotros, desde la lejanía, entre cigarrillo y cigarrillo, y canción y canción, de una especial guitarra, la que me dejó mi amigo Imre. Antes de media noche miraba al cielo sonriente, guiñaba un ojo y rezaba: en el 2010 más y mejor.
La emoción típica de la noche de fin de año, las risas, abrazos telefónicos y lágrimas de nostalgia me llegaron al mediodía siguiente, al recuperar la cobertura camino del Cape Arid Nacional Park. Primero mi madre y luego los amigotes hicieron del viaje de aquella tarde con Serrat en el CD, un cúmulo de risas y lágrimas entremezcladas con nostalgia, emoción y serenidad.
Vane fue quien descolgó el teléfono –cabe decir que allá por Solsona eran las 6 de la madrugada, imaginen damas y caballeros la escena… - con un: Es el Pabloooooooooooo!!!!!!!! . Al instante reconocí un montón de gritos y risas tras una voz serena y agradable como la de el gran Jordi Melé. Me dijo que deseara una canción y que me la cantaban entre todos. Me transmitieron muchos abrazos y besos y proseguí viaje diciéndome lo que muchas veces me he repetido: Qué suerte tienes, son LOS MEJORES.
Oscar, por cierto, que ahora ya está por aquí (jajaja, de hecho creo que ha ido a hacer una incursión) me recordó que el 8 estuviera en el aeropuerto. No le fallé y ahora ya llevamos 15 días recorriendo Tasmania, de rincón en rincón, buscando el lado Oeste, el lado salvaje de esta remota, lluviosa e indómita isla.
Como siempre, amigos y familia, mi cabeza y nuestros pasos (entre éstos dos no sé exactamente el orden) van por delante de mis manos. Con lo que prometo escribir sobre muchas cosas más que ahondan ahora en un recuerdo nítido. No obstante quiero destacar la de veces que sois citados por la boca de Oscar y la mía, o por cada uno de nuestros pensamientos en solitario. Hasta el compañero de trabajo más esquivo, es venerado en el recuerdo. Pues en este viaje que es la vida estamos atravesando un tramo precioso, lejano al hogar, que nos permite ver mejor el panorama.
Besos a la Familia, a nuestras madres, padres y herman@s.
Oscar García y Pablo Lapuente.
De sud a nord
Bones família,
Tornem a ser nosaltres. Aquest cop serem més breus que la primera vegada ja que això del blog porta més feina de la que teníem prevista i aquí a Tassie el tema Internet és .... complicat.....avui mateix estem en una espècie de centre d’interpretació del paper a Burnie (Nord de Tasmania) on l’ordinador no disposa d’USB però els informadors (uns padrins la mar de simpàtics ens han deixa’t el seu ordinador per poder penjar les fotos i els vídeos....que ja ens han dit els de youtube que comencen a ser dels més vistos....je,je,je...)
A veure ens havíem quedat a Geeveston......de allí vam anar a fer nit a Hartz Mountains National Park, on després de visitar Esperance Lake vam fer-hi nit.....i quina nit.....sense tenir dades concretes però finant-nos del color del nostre nas i galtes, de la tremolor als dits i de la roba que portàvem a sobre....no seria agosarat dir que FEIA UN FRET QUE TE CAGUES!!!
Al dia següent vam anar direcció a Mount Field National Park, on vam fer una excursioneta per un lloc anomenat Tall Trees Walk......i ja ús podeu imaginar.....va sortir la vena de forestalillo.....buffffff mai havia vist arbres tan grans, varem mesurar-ne un Eucaliptus de 80 metres.....je,je,je....quins exemplars.....buff fa cosa i tot poder pensar que porten allí 200 anys.....quantes coses viscudes, veritat? En aquesta excursió també vam veure les Russell Falls on varem intentar trobar ornitorincs, sense massa sort, però estem convençuts que algun caurà.....
Per dormir varem pujar fins al llac Dubson on el fred va tornar a aparèixer.....però aquest cop teníem el sac de plomes a prop.....je,je,je.....al dia següent, després d’esmorzar unes Tortitas (bufff....quin invent....amb plàtan i nocilla!!) vam pujar el pic Mount Field East de 1.270 metres d’on vam gaudir d’unes molt bones vistes de tota la vall.
Del pic ja varem agafar la furgo camí del Cradle Mountain National Park, més concretament al Llac Sant Clair (el llac natural més profund d’Australia) on després de la primera dutxa amb condicions del viatge (les altres vegades eren bastant rudimentàries però molt, molt, molt divertides, la furgo a un costat de la zona d’acampada, un cubell amb aigua que havíem calentat prèviament, el Pablo primer (i després jo), com vam venir al mon, amb mosquits atacants-nos mentre l’altre ens tirava l’aigua per sobre....je,je,je....penjaríem fotos.....però poder no son per tots els públics...je,je,je...).
Al dia següent varem fer una excursioneta per la Platypus Bay a la recerca d’ornitorincs un altre cop.....i un altre cop sense massa sort...i després vam dedicar la tarde a netejar roba i començar el viatge cap a la costa oest, a la que vam arribar a la posta de sol, concretament a Henry Dunes, unes dunes fantàstiques on el bosc i la sorra és fonen en una divisòria poc clara (el bosc entra a la duna o la duna al bosc).
Aquella nit, mentre miràvem, una peli molt apropiada (El Cazador.....gràcies Toni!!) vam sentir el nostre primer Dimoni de Tasmania, bueno o això volem creure, tot i que després buscant-lo entre la foscor no vam aconseguir veure’l.
Al dia següent i després de 80 km de pista (ja ús podeu imaginar.....2:30 hores amb una furgo per una pista de terra...) vam arribar a la fi del mon......si,si....com ho sentiu, la fi del mon....últim lloc on hi ha terra entre Tasmania i Argentina.....(suposem que deu estar més al sud de Sud Àfrica)....i aquí teniu un vídeo de com és.....la veritat és el sigui o no sigui la fi del mon.....s’assembla bastant....
Aquella nit varem anar a dormir a Ann Bay, a prop de Marrawah, on davant del mar i mentre pescàvem ens varem prendre una cervesa ben fresqueta (Llogarrils i Xinarils aquesta anava per vosaltres!!!) .....la tarde passava tranquila, de fet una mica avorrida, quan el mestre pescador Pablo va dir “Hasta que uno no guarda la caña hay esperanza” i .....bueno millor mireu el vídeo.....
Al final va resultar que no era bo per menjar i el vam tornar al mar......
Al dia següent varem fer una excursioneta (de 3 horetes) per la platja, Ann Bay, i ens vam dirigir a Stanley (al nord de Tassie) on després d’un senyor dinar amb la furgo davant del mar vam pujar a The Nut, un altiplà molt curiós al costat del mar.
Aquella nit, bueno de fet aquesta, hem dormit a Sisters Beach (mirar el video de Apartament o Furgo) i ahir per la nit vam tornar a pescar.....i de hem van picar, una bestiota enorme, buff com tirava, je,je,je....el meu primer peix i super gran.....però com sempre no es pot vendre la pell de l’ós abans de matar-lo....el nus que jo mateix havia fet (és nota que soc un novatillo amb això de pescar) és va desfer deixant escapar el nostre sopar amb un piercing nou al llavi....coses de la vida....
I res més, per aquí....simplement vivint feliços......gaudint de llocs increïbles.....de gent entranyable i de la natura que ens fa sentir més petits del que molts cops ens pensem....
Una abraçada molt forta a tots família, de sang i no......
Pablo i Oscar
dissabte, 16 de gener del 2010
Primera setmana a les antípodes
Doncs si, després d’un mes sense veure al meu amic i company de viatge, després d’un mes de nervis, dubtes, incertesa va arribar el dia d’agafar el vol i com sempre els comiats son tristos i estranys....l’últim el Toni amb una abraçada i un “Vamos kio, que estas cosas mejor hacerlas rápido.....cuidaros mucho y dale un abrazo fuerte a Pablito”.
Després 24 hores de vol on vaig dormir massa poc (després ho vaig estar pagant durant uns dies...) una escala a Singapur i l’arribada a Melbourne, on els agents de duanes van voler que em comences a espavilar amb l’anglès fent-me passar per tots els controls haguts i per haver.....i jo amb el meu anglès tímid....je,je,je,je....però suposo que sufic¡ent (el fet d’estar aquí ho demostra).
Després només sortir de l’aeroport una guitarra amiga darrera d’una columna....era justament la benvinguda que m’esperava....i més tard les presentacions....Oscar Peuneta, Peuneta Oscar (Peuneta era la furgoneta que va acompanyar al Pablo durant el primer mes que va estar sol per aquestes terres.....lo que serà objecte d’algun altre post del blog).
La primera nit va servir per posar-nos al dia i dormir més ve poc en un descampat proper a Melbourne....ja que un amable vigilant ens va invitar a marxar del Campus de la universitat de Melbourne, el nostre primer destí escollit per passar la nit.
El dia següent (09/01) varem tornar a Peuneta i ens varem plantar a l’aeroport amb més paquets dels previstos destí Tasmania, més concretament Launceston, una ciutat d’uns 100.000 habitants situada al nord de Tassie (local name of Tasmania).
La nostra primera idea va ser tornar a llogar una furgoneta només arribar però aquí és temporada alta i el rollo furgo és super habitual així que ens varem tenir que “adaptar” i ens varem quedar un parell de dies a Launceston visitant la ciutat (amb uns parcs nacionals meravellosos) i fent gestions per trobar la nostra caseta amb rodes, que gràcies a la insistència (i a l’anglès i la simpatia del Pablo per telèfon...je,je...) varem aconseguir 3 dies més tard a Hobart (la capital de Tassie al sud de l’illa).
Com ja començàvem a estar cansats de Launceston i teníem ganes d’una mica d’aire fresc varem llogar un cotxe i el dia 11 varem emprendre camí cap a Hobart fent una petita volta per conèixer la part nord est de Tassie.
Varem pujar cap al nord per la vall del riu Tamar (una de les principals zones vinícoles de l’illa) per després girar cap a l’est fins al Parc Nacional de Mount William on vaig tenir el primer contacte amb la fauna local: Cangurs, walabies (cangurs més petits), wombats (com un os del tamany d’un gos gras i rodó) a més d’altres marsupials nocturns. Per celebrar que ja havia començat (per mi) el viatge que buscava vam comprar-nos uns bons talls de carn que ens vam fer en una graelles de gas gratuïtes que es troben habitualment a totes les zones de pícnic (reflexió, si vols que la gent no encengui foc.....posa graelles de gas gratis).
La nit la vam passar dins d’una minitenda que ens vam comprar en una zona d’acampada amb un parell de tendes, sorprenent-nos per la visita d’un parell de marsupials nocturns i d’una aranya de les grosses sota de la taula on estàvem sopant....buff...
Al dia següent vam fer una excursió fins a Codle Rocks per un paisatge gairebé desèrtic que deixava volar la imaginació i la paranoia per les serps....per sort no en trobarem cap. Per la tarde vam conduir fins a St.Helens on després d’un bany reconfortable en unes dutxes públiques (això es la repera a tots els poblets hi han banys publics i alguns d’ells amb dutxa!!) vam passar la nit a Bay of Fires on vaig tenir el meu primer contacte amb l’interessant món de la pesca de la ma del mestre Pablo que va treure un peix de gairebé 2 kg que ens va servir de sopar, acompanyat d’un vas de vi de la zona, si es que ens fem un fart de patir!!!! Je,je,je....
Al dia següent vam emprendre camí a Hobart parant a les St.Columba Falls (la cascada més alta de Tassie) on vam estar buscant ornitorrincos sense massa sort.....ja arribarà...
Un cop a Hobart, anem a buscar la nova caseta, una furgo Toyota amb un llit de matrimoni darrera, cuina, nevera (de les que necessiten gel), calaixos i tot lo necessari per viure viatjant!!! La veritat és que hem triomfat bastant!!!
Després de passar pel super per avituallar-nos de tot lo necessari vam emprendre camí destí Bruny Island (una illa al sud de Hobart a la que vam arribar amb un ferri).
Un cop allí la primera parada va estar Penguin Rockery on vam veure la posta de sòl esperant l’aparició estel·lar d’una colònia de pingüins nans que hi viuen, la sorpresa va ser quan van començar a sobrevolar els nostres caps els Short Tailed ··· , una espècie d’ocells migratoris en perill d’extinciò que literalment aterraven al nostre costat amb no massa habilitat....quins pinyos!!!! Però l’espectacle va ser genial!!! El pingüins passaven desapercebuts en petits grups –com si fossin agents especials- tot buscant els seus respectius nius-forat.
A Bruny Island hi passem dues nits visitant la illa, fem una excursió fins al South East National Park Lookout, visitem el Cape Bruny Lighthouse on busquem sense massa sort lleons marins i foques, circulem durant 3 km per la platja amb la furgo,....., res, coses normaletes....je,je,je...
Després de la Bruny Island emprenem carretera i manta cap a Cockle Creek, al sud-est de Tassie on hem passat dos nits en un entorn increïble on el mar i el bosc gairebé es fonen!! Aquí hem fet una excursioneta d’uns 15 km fins la Bahia de Cape South, la zona més al sud que estarem a Australia. La darrera tarda la vam passar llegint, parlant sobre l’Esglesia, Déu, l’energia, l’eutanàsia i la mort. A fora de la furgo una tormenta i el fred vent del sud jugaven com a nens fent una posta de sol de somni, entre l’arc de San Martí, les ondulades muntanyes d’eucaliptus i el mar seré d’un verd profund i tranquil.
I ara a una loly shop en un poblet que es diu Geeveston, on a demés de piruletes, caramels, gorres, gelats, tes, ninots i butaques hi ha un ordinador amb connexió a Internet......je,je,je....
Bueno, fins a la pròxima connexió ens acomiadem!!
Una forta abraçada per a tots i totes
Pablo i Oscar
Penguin rockery
Cape Bruny Lighthouse
Van in the beach
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