Buenas a tod@s!! Cómo va la cosa petard@s?
Como hace tiempo que no os escribo, voy a respetar la deuda haciendo hincapié en aspectos que han rondado repetidamente mis pensamientos. En especial en lo relacionado con la navidad, la soledad, la felicidad y la naturaleza, sin olvidar la ruta en sí.
Una Navidad sin tu familia y una buena fiesta de fin de año sin tus amigos, no son ni Navidad ni fiesta, respectivamente. Pueden llegar a tomarse como momentos de reflexión forzada o de feliz nostalgia, si uno quiere –y en el mejor de los casos-, pero no muy diferentes de los que podemos tener en cualquier otro momento del año.
La familia la forja la sangre. Por mucho que cambien las circunstancias personales de cada miembro, la sangre que nos determina va a ser siempre la misma. No obstante, ¿qué hay de aquellos con los que no compartimos sangre pero compartimos vida de tal modo que el vínculo se torna maduro, estable y sosegado?? ¿Y de aquellos con los que a pesar de no compartir tiempo, compartimos alma?? La sangre es sangre, y la familia es sangre y algunos más, es decir la familia abarca a más gente. Yo he echado en falta en esta Navidad a la familia.
Antes de irme de este párrafo quiero hacer un guiño especial a quien pasa las navidades sin los de su sangre pero con su familia. Sí, a quien sabe que le otorgo la fuerza, la verdadera fuerza. Me has inspirado.
Lo peor de no tener Navidad ni una buena fiesta de fin de año es el frío. No es la soledad. La soledad es circunstancialmente dependiente de nuestro devenir interior. La soledad implica nostalgia, alma, y el alma…calor. El temor al frío, es el temor a no sentir nada cuando se supone que debes sentirlo. Si no sientes la Navidad ni una buena fiesta de fin de año, porque no estás acompañado de los tuyos, de tu familia, sólo queda resignarse a esperar al año siguiente, o reconfortarse. Reconfortarse pensando en los que no tienen familia, ya nos sólo durante la Navidad sino durante el resto del año. En el día a día. Y deseando de verdad que la encuentren. Eso te hace valorar lo que no ves pero sientes, te hace masticar y comprender.
Fue entonces cuando realicé unas cuantas llamadas, no todas con respuesta. Las primeras fueron a los de mi sangre, luego a algunos del resto de la familia. Era la noche del 24 en España, cuando las tres peques que inundan nuestro hogar de felicidad ya habían recogido los regalos de Papá Noel (o los Reyes Magos, ando un poco perdido en eso). Fue como cuando inclinas demasiado la botella al tratar de dar un trago y el líquido se derrama por ambos lados de la barbilla mojándote la camiseta. La emoción me sobrepasó al hablar con mis padres y con Manu, el mayor de mis dos hermanos. Me hincharon tanto el corazón que restaron espacio a mis pulmones, y el tragar saliva se tornó una difícil tarea. Felicidad y lágrimas que me habían llegado por teléfono desde el otro extremo del mundo.
Eso sí, fue cuando –tras hablar rápidamente con mi cuñada Yolanda- la pequeña Inés me contó la nueva muñeca que le habían traído, concluyendo nuestra conversación con un sonoro beso, cuando el trago ambicioso se convirtió en una buena ducha caliente. Ese fue mi gran regalo de Nochebuena, en Monkey Mia, al norte de la bahía de Shark, cuando era ya el día de Navidad.
Amigos como Xavi y Lalo contribuyeron también a dormir especialmente bien aquella noche, sus palabras –y el eco de las mías- endulzaban emocionadamente ese día tan especial. Al día siguiente llamé a tiempo de sobremesa de la comida de Navidad de los Lapuente y así repetir tragos dulces y ambiciosos charlando de nuevo con mis padres, con Jaime, mi otro hermano, y con Carla, la mayor de las tres florecillas. De nuevo, fue su voz la que derrumbó la entereza que a duras penas lograba mantener, al preguntarme qué animales había visto tras contarme la de regalos que le habían caído del cielo. María no estaba de humor como para hablar por teléfono pero igualmente me alegró saber que en eso andaba.
Por último, una llamada a Fo, mensajes de Vane, Jordi y Toni en nombre de otros más y mails del resto, me hicieron sentir realmente agradecido.
Al colgar, infinidad de buenos momentos, abrazos y risas con cada uno de ellos me ocuparon el resto del día. Por ello decidí pasar la mañana al sol, pescando fructuosamente. Y pasear el resto del día, masticando y saboreando cada uno de los recuerdos que venían a mi sin orden ni razón. Mientras tanto seguía rastros de canguros, varanos, equidnas y serpientes, por las dunas de arena rojiza del noreste del cabo norte. Como guinda final, tras encontrar una playa agreste y bien resguardada de la constante brisa de oeste, me detuve allí a mirar al cielo en memoria de los que acompañan desde otros lugares. Justo al regreso de tan plácido lugar y momento, súbitamente multitud de rayas pequeñas empezaron a asomarse a la arena precipitadamente, temblorosas. Al levantar la vista lo entendí: un par de delfines empezaban a cazar acorralando a sus presas en la pequeña bahía. El sol ya se desentendía de este mundo cuando en formación en V los delfines acudían a la misma orilla a capturar rayas y otros peces. Encantado por poder interactuar me descalcé y me metí un metro en la orilla, llamando su atención golpeando el agua con la mano. Uno de ellos se acercó a menos de medio metro de mi, me observó y dio media vuelta enseguida para proseguir con la comilona.
Ver la naturaleza en su estado virgen a las manos del hombre es muy hermoso. Así, desnuda, despierta una curiosidad infantil difícilmente saciable. En el rostro emerge una sonrisa incrédula. Se te pone cara de jilipollas, vaya. Este continente, a pesar de que los más grandes mamíferos ya han sido exterminados (Tigre de Nannup, lobo/tigre de Tasmania) alberga multitud de fauna salvaje que parece resistir y abunda en el bush (término que emplean para referirse al campo, ya sea en las montañas, desiertos o playas). Por eso caminar por aquí es apasionante. Como cuando sabes, no intuyes, que la punta de la caña está a punto de doblarse brusca y repentinamente al pescar a fondo en el océano. Todos tus sentidos parecen estar alerta ante cualquier estímulo, por minúsculo que sea. Dedicaré otro momento para ahondar más en ello.
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Se acercaba el momento que había de ser especial: la noche de fin de año. Andaba yo inmerso en los bosques del suroeste de Australia, en los alrededores de Pemberton, cuando ya no había otro motivo ni otro pensamiento constante que el de ir en busca de mi buen amigo Oscar al extremo nororiental, a Melbourne. Más de 3000 km aguardaban pacientes al paso de las gastadas ruedas de la Mitsubishi Exprés con la que acabaría recorriendo 9000 km desde mi partida en Perth. Una semana de plazo, y muchos puntos por visitar, me lanzaron a la improvisación el día 31 de diciembre.
Acabé entrando a un camping público (4 euros/noche) guiado por una abueleta motorizada a lomos de un potente quad. He de reconocer que antes de que me indicaran de qué se trataba pensé que aquello era un campamento Hippie, lleno de familias sonrientes de aire bohemio y autodidacta. Se vendían productos caseros desde las partes de atrás de furgonetas y autocaravanas. Como os decía la entrada al camping fue un tanto surreralista, pobre abueleta. Una pareja de suecos aún estaba más desconcertada que yo, siguiendo a unos 3 km hora a un quad dirigido por super grand mother. Sólo le faltaba la capa.
Las últimas horas de sol del 2009, fueron para mi sólo. Primero corriendo por la playa de arena blanca y consistencia harinosa ( sólo comparable con la de Playa bonita, en el extremo nororiental de Cuba…Carlos, Albelto y Visente, me darán la razón), con un sol anaranjado jugando con los árboles del horizonte a generar mágicas sombras sobre el mar. Tras una ducha de agua fría, lo último que hice fue pescar desde las rocas mientras suspiraba agradeciendo a Dios el año que me había brindado.
Esa noche, cena especial: Gnoccis con cebolla y champiñones, un par de latas de ron Bundaberg ( el mejor de Australia según me dijo el holandés amigo: Thomas) con lima y cola respectivamente y lo mejor. Lo mejor fue compartir momentos con vosotros, desde la lejanía, entre cigarrillo y cigarrillo, y canción y canción, de una especial guitarra, la que me dejó mi amigo Imre. Antes de media noche miraba al cielo sonriente, guiñaba un ojo y rezaba: en el 2010 más y mejor.
La emoción típica de la noche de fin de año, las risas, abrazos telefónicos y lágrimas de nostalgia me llegaron al mediodía siguiente, al recuperar la cobertura camino del Cape Arid Nacional Park. Primero mi madre y luego los amigotes hicieron del viaje de aquella tarde con Serrat en el CD, un cúmulo de risas y lágrimas entremezcladas con nostalgia, emoción y serenidad.
Vane fue quien descolgó el teléfono –cabe decir que allá por Solsona eran las 6 de la madrugada, imaginen damas y caballeros la escena… - con un: Es el Pabloooooooooooo!!!!!!!! . Al instante reconocí un montón de gritos y risas tras una voz serena y agradable como la de el gran Jordi Melé. Me dijo que deseara una canción y que me la cantaban entre todos. Me transmitieron muchos abrazos y besos y proseguí viaje diciéndome lo que muchas veces me he repetido: Qué suerte tienes, son LOS MEJORES.
Oscar, por cierto, que ahora ya está por aquí (jajaja, de hecho creo que ha ido a hacer una incursión) me recordó que el 8 estuviera en el aeropuerto. No le fallé y ahora ya llevamos 15 días recorriendo Tasmania, de rincón en rincón, buscando el lado Oeste, el lado salvaje de esta remota, lluviosa e indómita isla.
Como siempre, amigos y familia, mi cabeza y nuestros pasos (entre éstos dos no sé exactamente el orden) van por delante de mis manos. Con lo que prometo escribir sobre muchas cosas más que ahondan ahora en un recuerdo nítido. No obstante quiero destacar la de veces que sois citados por la boca de Oscar y la mía, o por cada uno de nuestros pensamientos en solitario. Hasta el compañero de trabajo más esquivo, es venerado en el recuerdo. Pues en este viaje que es la vida estamos atravesando un tramo precioso, lejano al hogar, que nos permite ver mejor el panorama.
Besos a la Familia, a nuestras madres, padres y herman@s.
Oscar García y Pablo Lapuente.
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PABLO!!!
ResponEliminaNo sé por dónde empezar, así que mejor ser breve para que no pierdas mucho tiempo y puedas escribir más ...
Seguimos con admiración tu viaje, ahora compartido con Óscar (saludos), y yo con especial devoción y emoción. Inés me ha obligado a repetir el vídeo del tiburón (para que alguien dude de tus dotes de pesca ...)unas cuantas veces (a partir de la segunda le he quitado disimuladamente el volumen ...).
Un fuerte abrazo y gracias por compartir con nosotros este viaje maravilloso ...
Te quiere,
Manuel.
OSCAR I PABLO , HEM ESTAT SUPER CONTENTS DE REBRE NOTICIES VOSTRES ......L´ALBERT I TOTS ESTEM AL.LUCINATS, DE LA PESCA DEL TAURÓ.
ResponEliminaDISFRUTEM MOLT AL COMPARTIR EL VOSTRE VIATGE...
US ESTIMEM ,
ELS TIETS I L´ALBERT.
Tito!!! Estem molt contents d'anar seguint la vostra aventura pel que escriviu, fotos i videos (increibles les vostres dots de cantants... és una faceta q teniem desconeguda, ens hem emocionat tots...)
ResponEliminaI vaya kraks pescant el tauró, el Pablo l'hem vist més valent, tu no les tenies totes eh? jejejej
Passeu-vos-ho bé i una forta abraçada als dos!
T'estimem,
Papa,Mama i Anneta
Quin fart de plorar perfavor!!!!
ResponEliminaen el proximo video tiene ke ser oscar kien toque la guitarra, ok??
Se os echa de menos kios, ya lo sabeis
Os keremos
"los 3 chuis"
Genial tu post, Pablo! Cuidaros mucho y seguid disfrutando! Un abrazo grande!
ResponEliminaAlex
Éranse dos pirados ,viajeros,pescadores, cantarines, (bastante malos , por cierto) que recorrian las antípodas, armados de guitarra, furgoneta, jeta, y muchas ganas de juerga ecológica.
ResponEliminaDejemos que la prudencia serene sus espíritus, disfruten de su viaje, y regresen sanos y salvos, y con renovados brios en su trabajo y madurez personal.
Las fotos, muy buenas.
Animo, a pasarlo bien, y ....cuidadin, nois.
Pablito!!!! Que grande! me está encantando el post! seguid así, disfrutad muchísimo y vivid plenamente!
ResponEliminaCuartero